¿Sabías que…? Gabriel Miró Ferrer

Gabriel Miró Ferrer (Alicante, 1879 – Madrid, 1930)

Gabriel Miró nace en Alicante el 28 de julio de 1879 y fue el segundo hijo del matrimonio entre Encarnación Ferrer y Juan Miró, ingeniero de Obras Públicas. Estudió entre 1887 y 1892 junto a su hermano Juan como alumno interno de los jesuitas del Colegio de Santo Domingo en Orihuela, donde le concedieron su primer premio literario con un trabajo de redacción escolar titulado “Un día de campo”; allí enfermó de reúma en la rodilla izquierda, quizás por hipocondría, y pasó largo tiempo en la enfermería del colegio. Su delicado estado de salud movió a sus padres a trasladarlo al Instituto de Alicante, y después marchó con su familia a Ciudad Real, como reflejará en su novela “Niño y grande”; allí terminó el bachillerato. En octubre de 1895 empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Valencia y en la Universidad de Granada, donde se licenció en 1900. Fracasado en dos convocatorias de oposiciones a la Judicatura, ocupó cargos modestos en el Ayuntamiento de Alicante y en su Diputación provincial, viviendo en el apartado barrio de Benalúa.

En 1901 casó con Clemencia Maignon, hija del Cónsul de Francia en Alicante, de cuyo matrimonio nacieron sus hijas Olympia (1902) y Clemencia (1905). En 1908 ganó el primer premio de novela organizado por “El Cuento Semanal”, adquiriendo rápidamente gran fama de narrador y estilista: en ese mismo año le dan un homenaje varios escritores, entre ellos Valle Inclán, Pío Baroja y Felipe Trigo; también en ese año fallece su padre. Colabora en muchos diarios y revistas españolas y americanas, entre ellas “El Heraldo”, ”Los Lunes de El Imparcial”, “ABC” y “El Sol” de Madrid, y “Caras y Caretas” y “La Nación” de Buenos Aires.

En 1911 le nombraron cronista de su ciudad natal. Desde 1914 anduvo empleado en la Diputación de Barcelona, donde se traslada a vivir. Allí dirigió una “Enciclopedia sagrada” para la editorial catalana “Vecchi & Ramos”, proyecto que no se llegó a concluir pero que le satisfizo íntimamente, y entre 1914 y 1920 colaboró en la prensa barcelonesa: “Diario de Barcelona”, “La Vanguardia” y “La Publicidad”. Conoce allí al editor de muchas de sus novelas, Domenech. Se trasladó a Madrid al ser nombrado en 1920 funcionario del Ministerio de Instrucción Pública y allí permaneció los últimos diez años de su vida; en 1921 fue Secretario de los concursos nacionales de ese mismo ministerio. En 1925 ganó el Premio Mariano de Cavia por su artículo “Huerto de cruces” y en 1927 es propuesto para la Real Academia de la Lengua, pero no es elegido, quizá por el escándalo levantado por su novela “El obispo leproso”, considerada anticlerical.

La infancia y juventud de Gabriel Miró transcurre en un ambiente católico y tradicionalista que moldearon profundamente a Gabriel Miró como hombre melancólico e introvertido; era un cristiano esencial y puro de sentimientos, pero su experiencia formativa con los jesuitas lo convirtió en anticlerical al modo de “Clarín”. Hombre sencillo, humilde y bondadoso, Gabriel Miró tuvo un temperamento hiperestésico, una sensibilidad exacerbada a colores, aromas, texturas y sonidos que refleja en sus obras, de tempo lento y moroso y carácter muy lírico y descriptivo; su estilo, muy elaborado, se halla esmaltado de palabras castizas, arcaísmos y sinestesias. Entre sus escasos amigos tuvo al compositor Óscar Esplá y al escritor José Martínez Ruiz, “Azorín”, que era de su misma tierra.

Gabriel Miró muere en Madrid el 27 de mayo de 1930.